Angélica rumbo a la esperanza (Angélica #12)
by
Anne Golon
Serge Golon
426 pages
Published
1985
by Círculo de Lectores, S.A.
(first published 1984)
Original Title: Angélique: la Route de l'Espoir
ISBN: 8422619490
(ISBN13: 9788422619499)
Sinopsis: Por fín, todo parece
sonreírles, Angélica y Joffrey de Peyrac están más unidos y enamorados
que nunca. En el curso de un viaje por Nueva Inglaterra, la
pareja hace escala en Salem, ciudad de la costa atlántica, no muy
distante de la puritana Boston. Angélica y Joffrey acarician ya,
ciertamente, la cristalización definitiva de sus esperanzas de dicha y
paz. Creen tenerlas al alcance de la mano. Sin embargo, la felicidad
nunca llega a ser completa. La hora del parto llega prematuramente en
condiciones nada seguras y cuya vida no deja de correr peligro. La fama
de Salem, el pueblo donde han recalado, dista mucho de ser ejemplar.
Habitan allí mujeres extrañas, a quienes sus propias convecinas llaman
brujas y, en consecuencia, tratan de evitar...
La situación
todavía empeora más cuando, de pronto, una nueva amenaza se cierne sobre
el matrimonio: un siniestro mensajero se presenta ante ellos y les
informa de que acaba de producirse la muerte del padre D´Orgival, su
enemigo acérrimo. Y de esa muerte se acusa a Angélica. Todos los sueños
se desintegran bruscamente. Angélica y Joffrey de Peyrac tienen que
hacer frente de nuevo a la catastrofe que les acecha, aprestarse a la
lucha...
My rating: 4 of 5 stars
Angélica pasa por Salem con Jofrey , alli conoce a unas "brujas" cuaqueras y de nuevo pasamos por todo el enredo de religión entre puritanos a franceses, jesuitas y reformados , indios y peleteros , todo ese conjunto de la costa americana de Maine hasta de nuevo las montañas.
«Angélica no se acostumbraba a oír a estos personajes, barbudos, severos, intolerantes, gruñones en su mayoría y pesados de convivencia, apropiarse, como si de un amigo personal se tratara, de la personalidad de Jesucristo, que los Evangelios presentaban más bien como un hombre joven afable, lleno de indulgencia hacia los pecados del mundo, de dulzura y de ternura con respecto a las mujeres y los niños. Podría apostar con mucho que este Maestro, este Señor, que ellos reivindicaban, comentando cada una de Sus palabras como si las hubiesen discutido horas tendidas con Él en el Templo de Jerusalén o en los Recintos del Coloquio o de la Meeting-House, con la más franca de las amistades, podría apostarse, pues, que, en vida Suya, no Le hubiesen sufrido ni tolerado tal como era Él, y que Él se hubiera visto en la picota más a menudo de lo que parece, esperando la cuerda de la horca.»